Madrugo en la brisa,
el invierno se aferra,
y la primavera, tímida,
retarda su llegada.
Abro los ojos
antes que el sol despierte,
mientras el frío del alba
abraza mi cuerpo.
Abrigado en exceso,
camino al Sangreru,
escuchando el canto
de los pájaros de abril.
Las estrellas parpadean,
brillantes aún en la mañana,
como testigos de una noche
que se niega a olvidar.
En la confluencia de caminos,
descubro mi pueblo nuevo,
con el paseo que me invita
a soñar en su horizonte.
Sin prisa, hacia la playa,
mi curiosidad me guía,
¿es el cielo natural
o un lienzo pintado por la vida?
Ciertamente, lo ignoro,
mas la historia resuena,
como un eco de Monterroso:
“Cuando desperté,
el dinosaurio aún estaba allí”.
jueves, 30 de abril de 2026
DESPERTAR DE ABRIL
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