Creo que pocas veces se me presentará ocasión más propicia para cumplir una de las fantasías de niñez: volar en un helicóptero. Y es que el deterioro físico y la angustia de encontrarme en tan mal estado debido a la fatiga y el cansancio hizo que estuviese a punto de llamar al 112 del Principado para socorrerme. Mi sobrino Javier y Sophia una vaqueira de Somiedo convertida en guia de montaña y acostumbrada a resolver este tipo de situaciones decidieron que aquello no pasaba de una pájara y resolvieron que debía de beber agua, comer alguna alimento energético y una vez descansado un tiempo prudencial emprendiésemos el camino con calma y a paso muy lento. Quedaban seis horas de sol, el tiempo suficiente para regresar al lugar donde habíamos dejado el coche. Así lo hicimos, poco a poco fui recobrando el resuello, las pulsaciones volvieron a su ritmo normal y caminamos despacio administrando las escasas fuerzas que quedaban y dispándose el sueño de volar en el helicóptero.
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