Por aquellos años las montaña estaban relativamente asequibles a mis facultades físicas y aunque el límite de la altura corregía a la baja las ansias de alcanzar cumbres demasiado altas fueron muchas las cotas que programaba para mis excursiones de fines de semana y así asediado por el amenazador crepusculo de mi fortaleza fisica, y en un animoso esfuerzo por recobrar el tiempo perdido me lance a la "conquista " de los tres macizos de los Picos de Europa , a pasear las frondosas y píndias laderas del parque natural de Redes, me encaramé en la Ubiña Grande, también en la Pequeña, baje al Meicin y subí a la Terenosa, recorri lo tenebrosos lagos de Somiedo y en alguna ocasión caleyé parajes montañosos de la costa occidental, esquie entre el Enol y la Ercina, bajé al Bricial y atravesé de este a oeste, de norte a sur y viceversa la liviana sierra del Sueve fotografie las paradas nupciales de los gamos en las manchas de tejos y grabe el traquetreo del picapinos en el hayedo de la Biescona , unas veces enfundado en el saco me dejaba adormecer en la yerba y bajo la yerba acolchado con el manto de las estrellas y Kant de Koenisberg dándome calor, otras la compañía era inolvidable y brindábamos con cava y copa de cristal en la cima del Auseva. Me asombra todavía pensar colgado en un risco perdido del canal de Culiembro ,con mi perro atrapado en una roca imposible, que había llegado a perder la capacidad de sentir el acícate del peligro. Pero todavá habían de pasar más cosas que ensancharían un poco más el límite de lo soportable.
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