En la nebulosa del tiempo perdido,
donde el eco de fiestas aún me ha dejado.
Recuerdos de un niño, un verano eterno,
bajo el estruendo de cohetes asustado,
en la mesa de una fonda, un refugio tierno,
arroz y el pimiento nunca me han gustado
Carís, el protector, en la sombra velaba,
con manos cálidas, en la cabina oscura,
y en su amor sincero, mi miedo apagaba,
mientras el mundo giraba con locura.
Hombres y mujeres, en un camino incierto,
con dulces y risas mi vida secuestraban,
Pero el destino, en un giro cubierto,
me arrebató de su mano apretada.
Hoy pienso en lo que pudo ser mi andar,
un vendedor vociferante, un errante,
si no fuera por él y su amor sin par,
mi historia sería otra, un sueño distante.
En el cielo de recuerdos, su voz resuena,
“que Cigala hemos perdido”, risas,
y en cada lágrima que mi ser envenena,
celebro su vida, su luz que salva.