Con cierta frecuencia, escucho ,
veo, leo libros, declaraciones o entrevistas de personas de ideologías
contrarias o de opiniones que a priori las sitúo enfrentadas a mi manera de
pensar. Considero que es una práctica indispensable para, por supuesto, en primer lugar aprender del oponente y
principalmente, en segundo lugar, para
no ofuscar mi capacidad de crítica y sobre todo de autocrítica. En este sentido
me tragué toda la entrevista que un periódico de tirada nacional le hizo esta
semana a Mariano Rajoy. Como es lógico el presidente se despachó a gusto comentando
los logros conseguido con la rebaja del déficit público, la caída de la prima
de riesgo a niveles de hace dos años y la recuperación de la confianza de los
mercados gracias a sus medidas en reforma fiscal y laboral de contención de costes salariales. He
de reconocerle sus éxitos dentro de la política que su gobierno lleva a cabo
enmarcada en el más puro neoliberalismo, no se lo niego. Mas ni que decir tiene que en pocas cosas por
no decir en nada estoy de acuerdo con Don Mariano. Hay empero una cuestión que
me llamó poderosamente la atención por encima del resto de la entrevista.
Preguntado en varias ocasiones por la desigualdad que provocan sus políticas
neoliberales, en otras tantas evitó dar una respuesta. Pero al final ya no se
pudo evadir y contesto algo así como que se trataba de dar a todos los
españoles igualdad de oportunidades. Así de simple . Tremenda falacia, sr
Rajoy, la igualdad de oportunidades se da cuando todos parten de la misma línea
de salida y disponen de los mismos medios para llegar a la meta.¿Acaso los
españoles tenemos el mismo punto de partida? Pues no, señor presidente. Unos
nacen en lel Barrio de Salamanca, en
urbanizaciones de lujo limpias y seguras , otros en la Vaguada, en Vallecas, en barriadas
de edificaciones de protección oficial. Unos van a colegios públicos
depauperados por sus políticas educacionales, otros asisten a colegio privados
o concertados donde los mejores medios y el mejor ambiente es de la élite social. Unos se
relacionan en un mundo de amistades importantes, otros deambulan por las
barriada pillando lo que sea. No, no señor no, no `parten todos de la misma
línea de salida ni disponen todos de las mismas zapatillas deportivas de marca
para correr. Y aun en el caso de que fuese como Vd dice, que se diese la
utópica igualdad de oportunidad la carrera no sería de suma cero. Unos llegarán
primero y seran los ganadores y otros llegaran más atrás y serán los
perdedores.Y tal como están las cosas, en aras de resultar vencedor el más
feroz individualismo primaría sobre otros principios más nobles como so la
cooperación, la solidaridad. No señor, no no estoy de acuerdo. Vd., señor
Presidente, seguro que pensará que al fin y al cabo la solución mejor estaría
si pudiésemos elegir a nuestros padres.
lunes, 16 de diciembre de 2013
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