martes, 25 de junio de 2013
SOLSTICIO DE VERANO
Hoy ha nacido a la luz del planeta una niña de tez de porcelana y cabello de oro y esa niña ya conoce el llanto. Solamente sabe de voces maternas, de alientos de tor, de ladridos de rumrum, y también de otros sonidos que le arrullaron, le cantaron, le hablaron, le mimaron, le cebaron, le contaron historias de hadas y elfos , le pasearon, le bañaron, le endulzaron, le aconsejaron, a veces le gritaron y le acariciaron y hasta le manosearon durante los nueve meses que invernó inquieta en el cobijo de su madre. Otra mañana perdida en el invierno, hace ya sesenta y seis años, seis meses , 24 días y no se cuantas horas, otro niño, este vez moreno , color de aceituna, también nacía a la luz del planeta. Solo el recuerdo de unas manos de seda empujándome la vida a la luz con delicadeza de un médico de cercanía en la oscura habitación de una trastienda oscura, con todo el saber de aquel entonces y el amor de siempre. El laberinto de la vida a veces nos regala estas alegrías , y asi hoy ,en el solsticio de verano, cuando cambia la luna y las fuentes cantan ,me gustaría ser yo, a pesar de no ser médico, el sustituto del galeno y acoger a su bisnieta con otras manos menos expertas y más rugosas . Esta niña se llama Noa, mi nombre es Javier y el médico de pueblo al que tengo la osadía de sustituir era el doctor Alfaro, bisabuelo de Noa. Y mi madre canta y canta con las fuentes desde no sé donde.
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