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jueves, 30 de abril de 2026

Brindis de un pescador en la Tierra de Nadie




 






Viste de verde, botas altas en el pie, 

desciende al reino donde el viento es ley. 

Silba partituras de soledad indómita, 

en tierra de nadie, la vida se rinde y se agita.

Pesca con suerte, sin muerte, sin pena, 

osado viajero, estúpida escena. 

¿Cómo despojar de vida a dueños sutiles, 

de ríos áulicos, de aguas tan frágiles?

En medio de la naturaleza, el ridículo no pesa, 

brinda por la vida, en esta belleza. 

No solo pesca por el placer final, 

sino por la conexión, por lo esencial.

Así, en inhóspito paraje, alza su copa, 

celebra la existencia, el misterio y el lazo. 

En esta danza salvaje, un canto le llama, 

brinda por la vida, por la tierra que ama.

DESPERTAR DE ABRIL










Madrugo en la brisa,
el invierno se aferra,
y la primavera, tímida,
retarda su llegada.
Abro los ojos
antes que el sol despierte,
mientras el frío del alba
abraza mi cuerpo.
Abrigado en exceso,
camino al Sangreru,
escuchando el canto
de los pájaros de abril.
Las estrellas parpadean,
brillantes aún en la mañana,
como testigos de una noche
que se niega a olvidar.
En la confluencia de caminos,
descubro mi pueblo nuevo,
con el paseo que me invita
a soñar en su horizonte.
Sin prisa, hacia la playa,
mi curiosidad me guía,
¿es el cielo natural
o un lienzo pintado por la vida?
Ciertamente, lo ignoro,
mas la historia resuena,
como un eco de Monterroso:
“Cuando desperté,
el dinosaurio aún estaba allí”.

ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

  Regresaba del calor, de la playa y de la indigesta fritanga mediterránea, harto de aplastar mosquitos por las paredes del apartamento cuyo...