Viste de
verde, botas altas en el pie,
desciende al
reino donde el viento es ley.
Silba
partituras de soledad indómita,
en tierra de
nadie, la vida se rinde y se agita.
Pesca con
suerte, sin muerte, sin pena,
osado
viajero, estúpida escena.
¿Cómo
despojar de vida a dueños sutiles,
de ríos
áulicos, de aguas tan frágiles?
En medio de
la naturaleza, el ridículo no pesa,
brinda por
la vida, en esta belleza.
No solo pesca
por el placer final,
sino por la
conexión, por lo esencial.
Así, en
inhóspito paraje, alza su copa,
celebra la
existencia, el misterio y el lazo.
En esta
danza salvaje, un canto le llama,
brinda por
la vida, por la tierra que ama.
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