los ríos
danzan, la brisa es melodía.
bajo un
abrigo verde y botas altas,
desciendo por
tierras de brisas calmas,
donde el
viento susurra sueños perdidos,
y la soledad
abraza los latidos.
mientras mi
alma se siente al revés,
¿cómo
despojar a los dueños de aquí,
de sus ríos
áulicos, de su esencia sutil?
un canto a
la vida, a la naturaleza,
brindo en el
frío, en el inhóspito hogar,
porque el
hombre no solo busca amar.
Así, entre
el hielo y el viento audaz,
celebro la
vida en su paz fugaz.
un brindis
eterno, donde nada se marcha.
En la noche
oscura, el sobresalto avanza,
un eco de
misterio, la mente se lanza.
"Ciclogénesis
explosiva", susurra el viento,
entre la
vigilia y el sueño, un inquieto lamento.
Las olas
resuenan, un rugido profundo,
se cuelan en
mi mente rompiendo el mundo.
El café
humeante, mi efímera salvación,
me
estremezco ante su fuerza, su grito brutal.
Nada es
extraordinario, solo el ciclo del mar,
borrascas
que se encuentran, sin miedo a chocar.
En esta
danza eterna, de olas y tormentas,
la vida se
renueva, en sus giros y quiebras.
Así, entre
sobresaltos y sueños perdidos,
encuentro la
calma en los ruidos vividos.

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