Regresaba del calor, de la playa y de la indigesta fritanga mediterránea, harto de aplastar mosquitos por las paredes del apartamento cuyos endebles tabiques eran atravesados por la inmisericorde música de los Beach Boys que me mantenía en en vigilia hasta altas horas de la madrugada. Añoraba calar hondo en plato y cuchara convencional alguna especia de pote que de seguro encontraría de regreso al norte. No fue difícil empaquetar a los niños en el universo de maletero del Renault 12 familiar. Más difícil fue convencer a mi esposa que aun a medias de broncear su piel con sol y potingues de la costa del azahar prefería prolongar la estancia en Denia algunos días más. Por aquellos tiempos el automóvil representaba, pobre de mí , uno de los objetos de culto así que aún con el permiso de conducir reciente los quilómetros no suponían para mi más que simples rayas amarillas en el mapa de carreteras del Mopu. Franco ya se había ido dejándonos huérfanos de rebeldía por lo que los ánimos fluían tranquilos del trabajo a las vacaciones sin más problema. Así fue como al ver en el indicador de la carretera Benabarre diez no tuve pereza alguna en desviarme de la ruta de regreso a casa y acercarme a la villa oscense en busca de respuesta a algunas preguntas que rondaban en mi cabeza sobre mis ancestros. Una casa con blasón, amplio balcón de madera negra y techo artesonado. Una mujer muy delgada de pelo gris y de estatura elevada nos recibe en el pequeño atrio empedrado. Su marido estaba en la finca atendiendo la cuadra de cerdos. Solo quedaban aquellos ancianos. Ella Eduvigis, la anfitriona me llevo hasta el fondo del corredor desde donde se divisaba un pequeño huerto. Una viejecita con aspecto de acomodadora de cine de pueblo hacía círculos con una azada alrededor de un gran hoyo de cierta profundidad en el sembrado. En voz baja se dirigió hacia nosotros y nos dijo intrigante que la noche anterior habían estado allí y que al amanecer volvieron a perderse entre las estrellas. Cenamos y sin sobremesa nos despedimos de los comensales. No los he vuelto a ver y apenas recuerdo sus rostros. Este fue mi primer contacto con los alienígenas.

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