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martes, 24 de febrero de 2026

23 DE FEBRERO DE 1981 RECUERDOS DE UN ATARDECER HISTORICO EN PRAVIA












Sentados alrededor de una mesa de madera de roble, en una habitación iluminada por los últimos rayos del atardecer de febrero, debatíamos intensamente sobre temas cruciales: política municipal, la iglesia de los pobres, la educación de los jóvenes y las injusticias sociales.
Aquel invierno del ochenta/ochenta y uno estaba siendo inusualmente cálido, lo que parecía acompañar al fervor de nuestras conversaciones.
En el centro de la mesa, un sacerdote progresista para la época modera y aglutina nuestras inquietudes. Es capaz de canalizar la rebeldía social de algunos y templar la complicidad del clero ante las injusticias que otros denuncian. Éramos, como se decía entonces, un grupo de “rojos” dirigidos por un cura "comunista", todo un escándalo en una villa sometida aún a la intolerancia y la rigidez de costumbres de un sistema en el que cualquier síntoma de progresía despertaba suspicacias, más aún si provenía de un ministro de la iglesia nacionalcatólica.
En medio de aquel ambiente, suena el teléfono. Es mi madre, que llama con voz de preocupación:
—Hijo, ¿estás escuchando la radio?
—No, ¿qué pasa, mamá?
Su tono se vuelve exultante, me informa mientras intenta tranquilizarme.
• Han dado un golpe de estado y ha entrado la Guardia Civil en el Congreso de los Diputados, pero no te preocupes, ya han sacado los tanques en Valencia y está todo controlado y gracias a Dios en orden …
Cuelgo el teléfono, interrumpiendo el discurso patriótico de mi madre. Al regresar a la mesa, me esperan seis rostros llenos de asombro e incredulidad. La voz de Gabilondo nos informa en directo de lo que esta ocurriendo en Madrid, marcando un momento histórico que vivimos juntos, entre la incertidumbre y la esperanza.
Ante la gravedad de la situación y la incertidumbre sobre el desarrollo de los acontecimientos tomamos la decisión colectiva de permanecer juntos en la rectoral.
Consideramos más seguro no regresar por el momento a nuestros domicilios particulares, ya que la atmósfera esta cargada de inquietud y las noticias no dejan de inquietarnos.
La conversación gira entonces hacia la inseguridad que sentímos respecto al futuro inmediato. Hablamos abiertamente de nuestros temores ante una posible represión y del desconcierto generalizado sobre cómo se ha llegado a este punto tan crítico. Nos preguntamos qué ha fallado en la defensa de la democracia y cuáles pueden ser las consecuencias de aquel golpe.
En medio de ese clima de confusión, cada uno de nosotros contacta con sus familiares para tranquilizarlos y explicarles, en la medida de lo posible, lo que esta ocurriendo. Intentamos transmitir calma, aunque en nuestro interior reina la incertidumbre y la duda sobre si estamos actuando de la manera más adecuada.
El discurso televisado de Juan Carlos I, defendiendo el orden constitucional y ordenando a las Fuerzas Armadas permanecer en sus cuarteles, resulta ser un punto de inflexión. Sus palabras nos devuelven cierta tranquilidad y nos permiten respirar aliviados, aunque la tensión aún es palpable.
Finalmente, tras aquellas horas de nerviosismo y expectación, nos despedimos y cada uno regresó a su casa, conscientes de haber compartido un momento histórico y de que, a pesar de las dudas, habíamos estado unidos ante la adversidad.
Algunos años después nos enteramos que aquella noche al cuartel de la Guardia Civil alguien había hecho llegar una lista en la que figurábamos las cinco personas que vivimos aquellos momentos en los locales de la rectoral de Pravia.
Este hecho reveló la magnitud de la vigilancia y el seguimiento que se ejercía durante el golpe de Estado. No sólo estábamos viviendo una situación de incertidumbre y tensión, sino que nuestras acciones y presencia habían sido registradas por terceros, poniendo de manifiesto la sensación de inseguridad que nos acompañó durante toda la noche. Saber que habíamos sido identificados y anotados en una lista transmitida a la Guardia Civil añadió, con el paso del tiempo, una nueva dimensión al recuerdo de aquellos instantes: la certeza de que la amenaza era real y que nuestra decisión de permanecer juntos en la rectoral había sido observada y, de alguna manera, considerada relevante por quienes estaban al tanto de los acontecimientos.



 

viernes, 20 de febrero de 2026

ABANDONADA

 











En la playa solitaria, mirada asustada, 

un pequeño ser, con ojos de tristeza, 

la familia que una vez fue su abrigo, 

la ha dejado, en la arena, sin certeza. 

 El hambre la acecha, el frío la abraza, 

entre cartones, su vida se apaga, 

un corazón blando puede ser su esperanza, 

un gesto de amor, su única saga. 

Queda el recuerdo, el dolor del pasado, 

del amor que se fue, de la sonrisa perdida, 

en un mundo que olvida lo que ha sido sagrado, 

un ser tan leal, en su lucha herida. 

Oh, perrita olvidada, en la arena te quedas, 

esperando un milagro, un abrazo sincero, 

quien sepa escuchar, que entienda tu pena, 

en tus ojos se esconde un amor verdadero

martes, 17 de febrero de 2026

EN LA TEMPESTAD



La lluvia no cesa, pero yo tampoco,
Releo a Joyce, Ulises profundo,
con un plano en mano, recorro su mundo.
Busco al señor Bloom en cada rincón,
me pierdo en Dublín, en su corazón.
la mente busca un nuevo umbral,
a la tarde malcuernas, tampoco está mal
entre letras y músculos hallo mi voz,
en la danza de la vida, en eso estoy .
Llueve una semana, dos días y más,
la tormenta invoca sombras sin paz.
La ociosidad, un peso mortal

BAJO LA LLUVIA INFINITA

 









Llueve la noche,

llueve la mañana, 

un torrente eterno,

 la tierra empapa. 

Los pájaros nadan,

los peces vuelan, 

y yo en mi refugio

pinto sillas viejas,

muevo el mobiliario, 

reparo tuberías,

todo es necesario. 

Releo al Quijote,

locuras y sueños, 

rasgueo en la guitarra,

acordes pequeños.

Las calles son ríos,

las plazas  lagos, 

Los mirlos se asoman,

Plumas de satén. 

patas con membranas,

volando al compás, 

y el mar, desbordado

a los desiertos va.

Tejo con hilos,

abrigos de amor, 

jerseys y chaquetas,

regalos del corazón. 

El cielo, en su manto  

ya no es azul ni gris, 

sino de antracita,

un lienzo de abril.

Así, entre mil lluvias  

el tiempo se va, 

tejiendo memorias,

abrazos sin par. 

Y aunque el agua caiga,

mi hogar es un faro, 

un refugio cálido,

un canto muy raro.


PENSAMIENTOS EN EL AIRE



















Pensar es un arte, lo sé,
requiere tiempo y esfuerzo,
en un mundo de voces,
escasos son los versos.
Los tertulianos, "todólogos",
con verdades a raudales,
hablan sin parar, atentos al celular
mientras yo busco mis ideales.
He decidido no esperar,
su ruido me abruma,
prefiero el silencio,
y dejar que el alma asuma.
Facebook me pregunta:
“¿Qué piensas hoy, amigo?”
Así que ahí va mi chorrada,
mis notas, mi abrigo.
Quizás a pocos les importe,
mis pensamientos dispersos,
pero si hay un despistado,
y encuentre en ellos universos.
que fluyan mis letras,
como ríos de ideas,
reflejo de mi esencia,
danza de las mareas.

 

sábado, 14 de febrero de 2026

EN EL CIELO DE LOS RECUERDOS

 

En la nebulosa del tiempo perdido,
donde el eco de fiestas aún me ha dejado.
Recuerdos de un niño, un verano eterno,
bajo el estruendo de cohetes asustado,
en la mesa de una fonda, un refugio tierno,
arroz y el pimiento nunca me han gustado
Carís, el protector, en la sombra velaba,
con manos cálidas, en la cabina oscura,
y en su amor sincero, mi miedo apagaba,
mientras el mundo giraba con locura.
Hombres y mujeres, en un camino incierto,
con dulces y risas mi vida secuestraban,
Pero el destino, en un giro cubierto,
me arrebató de su mano apretada.
Hoy pienso en lo que pudo ser mi andar,
un vendedor vociferante, un errante,
si no fuera por él y su amor sin par,
mi historia sería otra, un sueño distante.
En el cielo de recuerdos, su voz resuena,
“que Cigala hemos perdido”, risas,
y en cada lágrima que mi ser envenena,
celebro su vida, su luz que salva.

viernes, 13 de febrero de 2026

RECUERDOS EN EL VIENTO











En la bruma del tiempo, evoco, 

horas perdidas, memoria en juego, 

momentos lejanos, rostros, susurros, 

la profesora de dulces ojos, 

y el eco de aviones en Ranón, 

un niño soñando, vuela en su corazón.

Marcas de motos, coches del ayer, 

taxis en la parada, un mundo a renacer. 

Helados de cucuruchu, risas que flotan, 

por menos de un duro, la infancia se agota. 

La leche recién ordeñada, aroma sutil, 

la olla a presión, un hogar, un perfil.

El agente regordete, con su casco blanco, 

atinando en atascos, rio desde el banco. 

Recito alineaciones, memorias de pasión, 

el fútbol, la gloria, un fervor en el corazón.

Conversaciones que a veces cansan, 

reiterativas historias, la nostalgia se afianza. 

Alegría y pena, en el vaivén del querer, 

aquellos que amamos, que ya no están, 

amigos del alma, perdidos en el mar.

Así, en mis pensamientos, en silencio me debato, 

entre risas y lágrimas, el tiempo es un relato. 

Evocando el pasado, en su luz y su sombra, 

sigo buscando, y sigo, no te detengas

mientras el alma se asombra.

miércoles, 11 de febrero de 2026

MARIANO



















En el Valle, un hermano mayor,
con historias de aventuras,
nos cautivaba el corazón,
nuestro líder, sin dudas.
Recuerdo su partida,
la mili en tierras lejanas,
dos años de ausencia,
huérfanos, almas desgarradas.
Pero llegó un día,
en el último tren de la tarde,
a la estación de Pravia,
donde esperábamos con alarde.
Los guajes reunidos,
unidos en un mismo canto,
acogimos su regreso,
nuestro héroe, nuestro encanto.
Siempre lo quise, siempre me quiso,
un lazo eterno nos unía,
en la memoria permanecerá,
su risa, su luz, su alegría.
Y así, mientras viva,
su recuerdo nunca se irá,
porque en cada historia contada,
siempre, siempre, lo amaré.

LUIS EL DE SUSANA, MI MAESTRO A SU PESAR

  Amigo que se perdió en los años, custodio de verdades incómodas sembrador de dudas junto a asientos contables, señalaba con dedo de maestr...