En el Valle, un hermano mayor,
con historias de aventuras,
nos cautivaba el corazón,
nuestro líder, sin dudas.
Recuerdo su partida,
la mili en tierras lejanas,
dos años de ausencia,
huérfanos, almas desgarradas.
Pero llegó un día,
en el último tren de la tarde,
a la estación de Pravia,
donde esperábamos con alarde.
Los guajes reunidos,
unidos en un mismo canto,
acogimos su regreso,
nuestro héroe, nuestro encanto.
Siempre lo quise, siempre me quiso,
un lazo eterno nos unía,
en la memoria permanecerá,
su risa, su luz, su alegría.
Y así, mientras viva,
su recuerdo nunca se irá,
porque en cada historia contada,
siempre, siempre, lo amaré.

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