El acontecimiento era esperado, todo estaba previsto, calculado y cuidadosamente organizado `para su llegada. El día, la hora, el nombre, la música de fondo para su relajación, la cuna, la esquina privilegiada de la estancia principal de la casa desde donde iniciar la exploración de lo que a partir de aquel día, de aquel instante habrá de ser su territorio, su hogar, su familia. Todo fue repentino, en un instante, como una epifanía en la que un personaje insignificante cobra dimensión. Como uno de “esos raros momentos de despertar”, escribiría Joseph Conrad, en los que los sueños se han convertido en realidades y todo ocurre en un momento. Olmo ya forma parte de nuestras vidas, el amigo desinteresado , leal, el apoyo emocional para la ansiedad, para la soledad. el compañero perdido y que vuelvo a encontrar para que, tal como procuraba Thor me permita asumir la vida diaria con una mejor sensación de seguridad y bienestar. Bienvenido a casa
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23 DE FEBRERO DE 1981 RECUERDOS DE UN ATARDECER HISTORICO EN PRAVIA
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