martes, 16 de octubre de 2012
Mi hijo Eduardo anticipa la nieve con el olfato. Ayer me dijo que se había asomado a la ventana y la había olido. Hoy subí al sueve y pude contemplar las primeras nieves sobre el Cornión. También me comentó que una jabalina y sus cinco rayones habían aireado con sus hozadas el césped del bulevar de la Florida. Me siento a contemplar el ligero manto blanco que luce la Peña Santa. Parece que la naturaleza ha dado un golpe de autoridad sobre la mesa y ha dicho que ya está bien, que el verano se ha acabado, las cosas en su sitio. Algo debe de quedar de la arcaica percepción sensitiva que permitía a los humanoides de Atapuerca pronosticar el tiempo por los aromas. También lo verracos omnívoros reclaman sus espacios que la ciudad les ha arrebatado. Esto no debe de ser noticiable pero es lo que estoy pensando en este lluvioso martes de octubre....
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