En la
inmensidad del bosque profundo,
donde el
susurro de los árboles danza,
como lobo
estepario, con su flauta en mano,
canta a la
vida, odas a la esperanza.
música, eco
de tiempos lejanos,
viaja entre
ramas, la acaricia el viento;
en cada
nota, un mensaje sagrado,
un llamado a
pisar el suelo mojado,
un remanso
de calma, una voz, un acento
un alma que
agita revueltas de antaño;
enseño a mis
nietos, tal vez con fervor,
el camino al
autoconsumo, a lo humano
a venerar el
agua, a respetar la tierra,
cada planta,
cada vínculo con la existencia;
en medio del
ruido, de la modernidad fiera,
espero que
escuchen esta dulce esencia.
Así, entre
cantos y ruidos que acechan,
la música
del lobo florece en su andar;
llega a sus
corazones, y en sus almas
como sueño
que acecha la naturaleza debe reinar.

