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domingo, 3 de mayo de 2020

PRIMER DIA DE DESESCALADA



En estos días de retorno a la Naturaleza, las ganas de salir eran tan abundantes que mi bicicleta debió de sentir satisfechos sus eléctricos instintos de  pedalear. Dio para bastante la jornada del desconfinamiento; algunas ventajas se nos regalan a los de más edad, (queda feo eso de los mas viejo)s, y como veremos más adelante no solo gozamos de mayor permisividad en el horario sino de otras cosas más de las que os hablaré Una mañana milagrosa; salió de nuevo el sol, resplandeciente y brillante, detrás de las primeras estribaciones del Sueve. Una ola de alegría me invadió al verlo aparecer tras los picachos de levante.A lomos de mi Trotona II me lancé a los caminos con una alegria tan grande que no me cabía en la mochila. Volvi a recorrer parajes que había perdido en la indolencia de los años y muy pronto unas gotas olvidadas de sudor comenzaron a recorrer mi frente con las primeros pedaladas, El resto lo deje en manos de la electroquímica y los acumuladores. Asi sin gran esfuerzo afronté la dura pendiente de la Mesnada donde en ausencia de los Montero salude a los caballos y a las vacas que enseñaban a pastar a sus terneros. Pilarica no se había despertado aun, como asi lo atestiguaba la saca del pan que vacía colgaba obre el pomo de la puerta a la espera del madrugador panadero, casi siempre gordo y bigotudo. Cruce la pedanía de Loroñe y encaré las primeras cuestas del mítico Fito cuya cima había hecho objetivo principal de esta mi primera salida. Escuche a las cornejas con sus agrios graznidos, a las tórtolas y a las alondras canturrear las mañanitas y también sentí el tocoto-tocotó del picapinos repetido secuencialmente y acompasado por las esquilas de alguna caballo aprendiz de asturcón. Agradecido e imbuido de tan sonora sinfonia reinicie el ascenso hasta que un letrero que señalaba el límite de mi concejo y de paso me advertía que el siguiente ya no era mi territorio y como estaba prohibido atravesar la invisible línea de la pandemia, tuve que regresar: demasiado pronto para el escaso desgaste físico, demasiado tarde para mi rodilla que empezaba a dar señales de alarma. Pero me sentía contento, tan cotento que no paraba de cantar y de este modo apenas pude escuchar al hombre que me recriminaba amenazando con avisar a la Guardia civil. Solo le dirigí la mirada agradecida por haberme confundido con una apuesto muchacho que con insultante juventud saltaba a la torera las normas de desescalada. Desconcertado por mi inopinada reacción arreo a su mula y continuó su camino pensando en el palo largo y la mano dura que emplearía si fuese gobierno.. Asi en estas, en subidas y bajadas en largas rectas de asfalto recalentado por el incipiente sol de verano regresé a La isla dando por finalizado el primer dia del desconfinamiento



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