Conocí a Ignacio Ellacuría allá por los años ochenta. Militaba yo por entonces en movimientos cristianos de base que organizában en la villa de Pravia algunas charlas con personajes significados de la teología de la liberación en un ambiente ya de libertad en nuestro pais pero que en algunos entornos molestaba todavía demasiada progresía. Cenó en mi casa, con algunos compañeros más de la izquierda praviana. Nos habló de una Iglesia comprometida con los derechos humanos que se deja invadir por el Espíritu renovador y que está atenta a los signos de los tiempos para convertirse en el cielo nuevo que necesitan el ser humano y la tierra nuevos(sic) denunció “la maldad intrínseca del sistema capitalista y la mentira ideológica de las apariencias democráticas que lo acompañan” Estos fueron los grandes desafíos a los que quiso responder con la palabra y la escritura, el compromiso político y la vivencia religiosa. Y lo pagó con su vidameses después en El Salvador a manos de los batallaones de la muerte del Gobierno de aquel pais. Hoy mismo y en TVE aparece Edmundo González, candidato a la presidencia de Venerzuela, llamando a tomar las calle de Caracas con violencia para defender la libertad. El mismo personaje que en aquellos años ochenta como agregado en la embajada de Venezuela en el Salvador era cómplice de aquellos escuadrones de la muerte que asesinaron a Ignacio con premeditación, nocturnidad y alevosía y a seis jesuitas y dos colaboradoras, madre e hija, Elba y Celina, esta de 15 años en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de San Salvador (UCA).
viernes, 23 de agosto de 2024
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