lunes, 14 de abril de 2014

POR EL DESIERTO

Sentado en un sombrío rincón de la kashba acaricio el lomo del gato de angora que ha invadido mi regazo. Algunas veces los recuerdos se agolpan como caballos desbocados y en el intento de organizar el tropel se entremezcla la ficción de lo leído con la virtualidad de lo vivido. En esta confusión fluye lo cierto y lo incierto pero debo de continuar a riesgo de no coincidir con la verdad aunque si ser fiel a la veracidad. Taghir es uno de los lugares mas bellos que he encontrado. Veinte casas de barro amarillo al pié del gran erg se muestran como un derruido nido de recuerdos. Coronando este remanso de paz y frescor se alza imponente la duna anaranjada perfilando sus curvadas formas entre el cielo y la tierra. La arena suave y fresca acaricia mis piés aun ardientes tras la pelea con la tormenta que había hecho todo lo posible por impedirme llegar a la fortaleza. Finalmente las siluetas borrosas de los postes del teléfono orientaron mi bicicleta a través de la pequeña tira de asfalto que aun quedaba visible y practicable. Cuando regreso a bordo del todo terreno al lugar donde había dejado a mis compañeros tomo por fin aire y los abrazo uno a uno con alivio y emoción después de liberarlos de la arena que medio les tenía enterrados.
        Hace ya muchos años que elegí Marruecos para este viaje de vacaciones. No hubo ninguna queja, ni siquiera el menor reproche por parte de mi familia. Por otra parte soy dueño de mi estomago y de mi cabeza, ambas compartimos casi exclusivamente el hambre y la aventura que en aquellos años me sentía con capacidad de emprender. Seguro que en aquel entonces el destino andaba de buen humor y así me encontré con aquella mujer de una tarde, una de esas felicidades compañeras que se dan pocas veces en la vida. Decía que su mayor felicidad consistía en lograr que la dejaran sola y su mayor desdicha que le impusieran la soledad, Precioso discurso de un despacho que el tiempo hizo callar como la arena había hecho desaparecer casi por completo la carretera. La pereza y los días han ido borrando las frases de aquella mujer de una tarde. Yo apenas me había dado de cuenta; en cuclillas sobre la alfombra sigo acariciando al felino y Alvarina en voz baja pero perceptible susurra: – quien fuese gato- . Me lo reprocharon mis compañeros de viaje al día siguiente que alucinados por la yerba descansaban a su lado, Siempre se me enredan los recuerdos, o diría mejor, cuándo y en que días sucedieron las cosas que quiero o intento recordar. Así fue como un viernes de setiembre desoyendo la opinión de algunos amigos y el consejo de no pocos familiares cargamos cuatro alforjas de alimentos energeticos, bebidas isotónicas, la ropa imprescindible y los repuestos más básicos. Todavía me pregunto porque el Sahara, al desierto y no otro lugar. No hay respuesta. Por lo tanto creo que algo mágico había sido el móvil de esta atracción. A partir de Zagora, la puerta del desierto, el punto de partida de las caravanas que viajan de Huarzazate a Malí empiezo a comprender.Me resulta muy difícil resisitir el poder de esta atracción. En el crepúsculo el sol se se ha puesto rojo y lleva tanto tiempo el color que me parece una amenaza. Debemos  descansar pues nos quedan aun muchos días de duro y ardiente camino.

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