miércoles, 1 de abril de 2015

LA CHURRE DE LA ISLA

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja Negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura. Esta fábula de Monterosso ilustra lo acontecido durante estos días cuaresmales en La Isla y sacude la rutina y placidez de las gentes de mi querido pueblo de adopción. Y es que en estos tiempos que corren de individualismo y atomización de las familias, de las mujeres y hombres que componen una pequeña comunidad, manifestaciones de apoyo como la que se han producido estos días con alguno de sus miembros hacen concebir esperanzas de que no se han perdido del todo los valores de solidaridad, de afecto y de ayuda mutua que deben de adornar a los ciudadanos de bien. Así el pueblo de La Isla, como Fuenteovejuna todos a una, ha respondido a lo que ha considerado una agresión investida. por supuesto, de la legalidad pero carente de ética,  contra los intereses de una familia que de generación en generación viene explotando un negocio de hostelería que constituye su propio sustento . Sin embargo, como la biología no necesariamente condiciona la bonomía de las familias así el comportamiento individual de un miembro no debe de afectar para nada a su conjunto cuando en el caso que nos ocupa éste pertenece a una familia ejemplo de lo que deben de ser las buenas relaciones entre las personas y de cuya honestidad intachable manifestada en todo su dilatada vida en esta comunidad vecinal es un claro exponente, Por eso entiendo que se sientan molestos y pidan disculpas, Así lo han hecho públicamente, pero que sepan también que los que nos manifestamos ayer en La Isla no queremos que  estén tristes ni mucho menos se sientan avergonzados, y que tengan presente que para la inmensa mayoría de los residentes habituales y ocasionales del pueblo que les profesan un merecido aprecio y respeto no necesitan disculparse. Por gracia o por desgracia. como evidencia el corolario de la fábula del escritor guatemalteco,  en ocasiones son necesarias situaciones difíciles para ejercitarse en los valores que deben de presidir las buenas relaciones entre la gente. Dicho esto, solo me queda resaltar el caracter totalmente pacífico y civilizado de las personas que haciendo uso del derecho que los ciudadanos tienen a manifestarse  públicamente y sin ningún tipo de coerción ni menos imposición, sabedores de que la ley ampara la libre concurrencia de cualquier persona a la puja por la explotación de este espacio público , demostraron sus preferencias por las personas que hasta la fecha han regentado este negocio hostelero. Decia Adam Smith que para que el funcionamiento del mercado libre no perjudicase las buenas relaciones humanas es necesario un comportamiento ético de las personas, de las empresas, de la sociedad en general. En este sentido el sistema capitalista a los largo de casi dos siglos de existencia ha fracasado estrepitosamente tanto en cuanto que la mano invisible que se suponía pondría las cosas en su sitio creando por si sola situaciones de estabilidad y progreso no se ha comportado como tal. Al contrario la obsesiva desregularización del mercado derogando toda regla que intente humanizar su comportamiento ha devenido en el hecho fatídico de que la libre competencia lo ha convertido en un campo de batalla en el que sobrevive el más fuerte en detrimento casi siempre del más honrado.Los economistas académicos nos hablan de esto en términos de macroeconomía, palabreja que por si misma nos aleja de la realidad cotidiana al ofrecernos los grandes datos que nada ayudan nuestra compresión de andar por casa. Pero, a veces, surgen en nuestro entorno situaciones que nos colocan de repente en la  realidad de estos asuntos . Asi podemos asistir como en una comunidad pequeña como es nuestro pueblo de La isla, un empresario asistido por el poder que le confiere su dinero es capaz de, al amparo de la ley, acaparar todo el mercado llevándose por delante cualquier principio de competencia y sobre todo arrebatando de las manos de una familia honrada y trabajadora que dedico muchos años a levantarlo y darle prestigio,  un negocio hostelero que ademas de ser su sustento ofrece a la comunidad un servicio de una calidad humana que rebasa los límites de sus propios intereses. Ante estas situaciones a las personas honradas no les queda más que el derecho al pataleo. Asi que hasta donde nos consienta la reciente Ley mordaza, gritaremos y nos manifestaremos hasta la extenuación.