viernes, 20 de junio de 2014

ALGO PARA RECORDAR


Noche Blanca en Bilbao from javier balaguer on Vimeo.
Si de día enamora, de noche cautiva. Así es este Bilbao actual que hemos conocido o mejor dicho nos han hecho conocer nuestros buenos amigos Bea y Alex. Había visitado la capital vasca anteriormente en dos ocasiones. La primera se remonta a los primeros años de la transición democrática, cuando visitar cualquier localidad del país vasco suponía, a juicio de algunos tremendistas, tener una cita algo asi como con la muerte, que fuerte, que fuerte. Parecida sensación permanecia cuando por segunda vez aproveché la visita al Gugenheinn para caleyar una tarde noche de potes por el casco antiguo; ya para entonces la ciudad había experimentado un cambio sustancial y la mano del “mejor alcalde del mundo” se hacía notar en calles, plazas y parques. Con los años vas agradeciendo la comodidad de los hoteles y convirtiendo el viajar en una actividad más reposada y con mayor contenido gastronómico. Así lo tenía ya asumido, yo, el viajero impenitente que renegaba de hotel que sobrepasase las dos estrellas y que callejeaba el amanecer de las pueblos saboreando el primer croissant aun caliente del obrador mientras hojeaba la guía del Trotamundos al olor de un humeante café. Ocurrió esta vez lo que siempre sucede cuando miras la ciudad a través de los ojos del cicerone entusiamado y entusiasta de su villa y es que la belleza, la estética, el arte, la historia se duplica cuando se comparte. Por eso esta vez la capital vizcaina apareció ante mí como algo ilusionante, nuevo y cautivador y por consiguiente he tenido que hacer acopio de fuerzas para visitarla al ritmo trepidante que mis amigos me impusieron. Así he cruzado de pincho en pincho y de txakolí en txakolí, de la Gran Vía a las Siete Calles, de Portugalete a Guecho y de margen a margen de la hoy impoluta ría para terminar interactuando   una perfomance de arte conceptual en el singular museo de arte moderno provocando la sorpresa primero, la hilaridad a continuación en los invisibles espectadores y finalmente quedarme sentado rendido y  boquiabierto en las escaleras de la Alhóndiga contemplando su pasado y su presente en un videoo maping proyectado en su fachada enladrillada. Una noche mágica de exuberante imaginación´ que me regaló una vista novedosa, insólita y totalmente diferente de catedrales, plazas, iglesias, teatros, puentes y ayuntamientos de Bilbao. Algo que recordar amigos, gracias , euskerrik asko.