viernes, 21 de marzo de 2014

Piratas de Somalia, solo un cuento de emigración

Nuestras miradas se perdieron en el Indico esmeralda. Sentados en la arena, su brazo rodeaba mis escuálidos hombros rociándome con sudor paternal ; arduo trabajo de hincar el arado para arrancar unos miserable chelines a la yerma tierra del cuerno africano. Respiraba satisfecho. El enorme jurel que aun aleteaba sobre la arena lo vendería en el zoco de Mogadiscio por una docena de dólares . Con ellos podría comprar leche, medicamentos y quizás algunas golosinas para sus cinco hermanos. Hacía algunas semanas que la extensa playa estaba algo más limpia. Acres y acres de arena blanca aun salpicada de algún pez muerto. No hacía mucho que cubrían casi por completo el arenal. En el mar alguna barca de pescadores, pero ni rastro de los gigantescos buques factoría. Encajado entra las rocas un bidón impregnado de petróleo y algas podridas apenas dejaban atisbar el dibujo negro de un par de tibias y unas letras que se me antojaban en inglés, no lo sé con certeza, jamás había pisado la escuela y ahora ya es tarde, no puedo perder el tiempo, debo de ayudar a la familia y aprovechar la dura temporada de pesca que se avecina. – Dime, padre, ¿ya habeís elegido nombre para el bebé? – Si hijo- me respondió con una blanca sonrisa enmarcada por la oscuridad de su tez mientras nos dirigíamos a casa- claro,claro, lo llamaremos JACK SPARROW.