viernes, 22 de noviembre de 2013

EL CORTO Y HUMEDO OTOÑO

En el límite entre la vigilia y el sueño me ha parecido sentir un ruido en la puerta como si alguien la estuviese lijando. También escuche gruñir a Rum- rum. De madrugada me dirijo sin más a la entrada y al abrir me ciega un intenso resplandor ; froto los ojos y contemplo ,marcadas sobre el manto blanco que me rodea, las huellas tal vez de algún perro que merodeando pasó la noche cobijado en el porche con permiso del gato. Lince es el felino de Isabel, mi vecina, y utiliza este lugar para hacer sus pernoctaciones con mi consentimiento y, como no, el de mi perro. El a cambio me libera de los molestos mickeymouse´s camperos.Tal vez fue el raposo. O tal vez estoy soñando aun. No lo se y vuelvo a restregar los ojos. El caso es que el invierno ha entrado como un elefante en una cacharrería sin dar tiempo al airín de les castañes a colmar de erizos nuestros bosques ni a que el veranín de san Martín nos proporcione la última oportunidad de ponernos las bermudas ni plazo para acostumbrarnos al cambio de hora. Sin concesiones al amaguestu ni festivales de colores en los arboles de hoja caduca. Trinan alborotados los estorninos,¿erstorninos todavía?; ni siquiera a esta legión de aves le ha dejado tiempo el invierno para hacerse las maletas. Siento un murmullo , gente que pasa por el camino que discurre hacia el Parnadeli. Me acerco al seto porque me subo, si me subo, me gusta subirme a la tentación y no caer en ella, .pues eso, de cotillear y pongo el oido.Hablan de salir el próximo sábado a la gueta para el siguiente celebrar el amaguestu. Me apunto a ambos eventos, Tengo que llenar la dificultosa por poco apretada agenda otoñal y de paso poder contar alguna cosa en el blog antes de que las navidades me atrapen. Claro que no, no era nieve, es que aun no había despertado.

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