lunes, 20 de mayo de 2013

FRACASO FOTOGRAFICO


Alguna vez el zorro merodea con nocturnidad los alrededores de mi casa y afana alguna de las gallinas de mi vecino, asunto que aunque sin razón se tilda de zorrería no necesariamente debe de darse tal calificativo ya que , si bien estas aves de corral son propiedad del Pilu, no es menos cierto que el buen repostero ha escogido un lugar poco apropiado para ubicar su gallinero toda vez que  son estos  sitios solitarios y poco frecuentados por la gente  zonas donde depredan  las raposas que, maldita sea, tienen tanto derecho a subsistir como los demás  bichos vivientes que en estos andurriales tienen su hábitat. Estaba yo en estas cavilaciones cuando me vino a la quijotera la idea de incluir en mi colección de fotografías y vídeos a este astuto animal, especimen que por cierto es de los pocos que me faltan por capturar para mi álbum de la fauna de La isla. Ciertamente no se de que  forma o, mejor dicho, no se me ocurre historia que acompañar, o cuento o fábula con moraleja, o  simple y llanamente una  más o menos naturista descripción. Tampoco soy un Lope con un Violante  ordenando que componga un soneto para este tema. Así que burla, burlando ya casi voy terminando. Y como  no quisiera dar fin a este relato sin el preceptivo desenlace es por eso que voy a contar como fue el final de esta historia ocurrida entre la alimaña y yo en las primeras horas mañaneras. Tal como anteriormente describo salgo  decidido a fotografiar al canis vulpes y para ello voy directamente a su madriguera, o a lo que yo creía que era la guarida de semejante fiera.No tardo en localizar sus excrementos los cuales por el humo que despiden me hace pensar que no debe de andar muy lejos. En efecto, un tris tris seguido de un gruñido en la espesura delata su presencia. Dirijo mi cámara ya dispuesta para el disparo hacia el lugar de donde procede el feroz rugido en el momento mismo que se escabulle en la espesura un fino hocico seguido de una espesa cola; con tanta rapidez que no me da tiempo para cerrar el obturador. Rum rum gira un cuarto de vuelta su cabeza perroflautica y me habla en ese lenguaje carente de fonética y gramática con el que solemos comunicarnos: “tio, vas a tener que currartelo más, la raposa es mucho más astuta que tú” 


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